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 El arte de la espada

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Deimos
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MensajeTema: El arte de la espada   Lun Feb 22, 2010 6:28 pm

Aquel templo estaba perdido en lo más profundo de la Acrópolis, parecía que había sido edificado en aquel lugar perdido y desolado para que no fuera encontrado por nadie, pero todos los dioses merecían tener un edificio, sí, incluso lo más oscuros y temibles, debían de tener un lugar para recibir los rezos de sus fieles. Pero aquellos hombres que se convirtieron en sus sacerdotes se suicidaron al cabo de seis mesas y sus huesos todavía se encontraban en aquel lugar maldito para algunos, prohibido para otros muchos, el miedo no precisaba de acólitos para existir o que reconocieran su existencia. Era un edificio cuadrado, oscuro, tenebroso, lleno de enredaderas negras, espinosas, de flores rojas y negras que emitían un perfume capaz de dormir a un mortal si estaba demasiado tiempo cerca de ella, así era, Deimos no quería compañía mortal a menos que tuviera previsto alimentarse de ella.

Dormía sobre el altar, rodeado de calaveras, cubierto solo por su capa y su larga cabellera ondulada. Seguro que nadie tendría el atrevimiento de internarse en aquel lugar a menos que buscara intencionadamente su muerte, en cuyo caso se alimentaría de él hasta secarlo y sus huesos pasarían a tener la compañía de sus esqueletos, engrosando los osarios regados por aquel lugar.

La noche estaba cayendo, despacio, el sol se ocultaba y era en la oscuridad cuando los depredadores más temibles asomaban sus terribles cabezas, sí, incluso un dios menor no estaba a salvo ni ere del todo inmortal. Puede que criaturas más fuertes que poderoso de los guerreros humanos se atreviera a hollar aquel lugar silencioso y tenebroso.
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Aiakos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Lun Feb 22, 2010 7:00 pm

Había recibido el permiso de salir del reino de Hades esa noche, después de pasar la guardia de Cervero y cruzar el Aqueronte había salido a la tierra de los humanos, de los vivos, todo por una razón en especial. Un cierta visita que tenía que hacer esa noche para ver a un dios con quien tenía un pacto. Parecía ser una noche prometedora.

Sus oscuras túnicas se movían al compás de sus pasos, mientras se dirigía a la acrópolis, iba a buscar un templo en particular. Por ello lo único en particular con su aspecto era el hecho de llevar perfectamente amarrado el cabello para que no le estorbará, y llevar amarrada a la cintura una espada, una arma de cuando era mortal, algo que había robado de su propia tumba cuando fue hecho un juez del inframundo.

Al llegar a la acrópolis se dirigió hacia donde le habían dicho que estaba aquél templo, hallándolo después de un rato caminando, se detuvo mientras observaba al sol terminar de ocultarse para acercarse con curiosidad a las rosas negras que adornaban el lugar. En silencio entró al templo, buscando con la mirada a aquél que había ido a buscar.
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Deimos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Lun Feb 22, 2010 7:23 pm

Deimos no se movió en su lecho de piedra hasta que sol se ocultó por completo y las flores comenzaron a abrirse por todo el lugar en contra natura. A medida que el astro se perdía tras el horizonte, los ojos de intenso tono rosado se fueron abriendo poco a poco, el dios del miedo estaba despertando para dar la bienvenida a la noche, su refugio natural desde que su padre lo maldijo a beber la sangre de los vivos para poder mantener su inmortalidad.

A sus agudos sentido llegó un aroma conocido, sí, lo conocía bien porque una vez, de ese mismo ser había ingerido su sangre. Fue en un acto de desesperación, estaba hambriento y se había enfrentado a un demonio que había huido del inframundo porque fue condenado por el mismo Hades, la lucha lo agotó y no podía beber sangre de una criatura que estaba ya muerta. En ese mismo instante apareció Aiakos y le comunicó que él mismo estaba siguiendo a aquella criatura, cuando se percató que el dios estaba al borde de la locura le ofreció su poderosa sangre para saciarlo y Deimos aceptó, quedando en deuda con él.

Se fue sentando en el altar, la cabellera rodó hacia atrás-Aiakos-susurró, no precisaba alzar la voz allí dentro.
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Aiakos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Lun Feb 22, 2010 7:39 pm

Mientras se adentraba en aquél templo detalló el lugar, observando como las flores se iban abriendo conforme el sol moría bajo el horizonte, aquello era tan peculiar que capturó su atención casi de inmediato. Además, estaba de cierta manera informado de que ese dios no abriría los ojos hasta que ya no hubiera sol, así que esperaría pacientemente.

Conforme lo hacía su mente recordó el porqué había conocido a aquél dios, el haberle obsequiado parte de su sangre, dejándolo beber esta; por dos simples razones, porque le era conveniente, le debería un favor... yo sobre todo porque aquél dios había exterminado a cierto demonio que había tenido que cazar por ser hallado culpable de traición. Un pequeño escalofrió lo recorrió al recordar esa curiosa sensación que le había provocado esa ocasión.

No pasó desapercibido a sus sentidos que el otro se empezaba a mover, ante ello se giró sobre sus talones para caminar acercandose despacio al altar del templo donde ya estaba sentado el otro. -Saludos, Deimos- En un tono bajo y neutral como siempre, quizás un poco más susurrante de lo habitual. Sentía que había sido un poco descortez al entrar al templo de alguien mientras este dormía pero no le dio importancia. Al final lo observó con las gemas azules frías que adornaban su rostro siempre.
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Deimos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Lun Feb 22, 2010 7:57 pm

Deimos saltó del altar, con agilidad, se acercó al demonio, aunque se quedara ciego, sordo o mudo, el aroma de aquel ser podría guiarlo al mismo confín del universo. Su sangre había corrido por sus venas y se había mezclado con la suya, algo de Aiakos se había mezclado con su esencia, formando parte de su ser al menos durante algunas noches durante las cuales no precisó cazar. Y había quedado en deuda y él siempre cumplía la palabra que daba fuera a quien fuera, desde un demonio hasta un niño, no hacía distinciones.

-¿Sudan los demonios?-le sonrió apenas, mostrando los blancos colmillos, agudos, largos. Fue caminando hacia él mientras se recogía aquella cascada azabache en una cola baja para despejar su rostro y no entorpecer sus movimiento.

Rodeó a Aiakos, estudiándolo, cuando se encontraron la primera vez no lo hizo porque estaba tan ciego por el hambre que no se fijó apenas, solo quería comer, saciarse, nada más le importaba en ese preciso momento. Ahora estaba más calmado y lo examinaba, constatando su altura y su envergadura.

-Me gustaría que te despojaras de la parte superior de tu túnica-él mismo se comenzó a quitar la suya, lo normal era practicar desnudos pero eso lo harían en la segunda clase cuando Aiakos tuviera más confianza en su recién adquirido maestro. Y entonces si habrían heridas de verdad.
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Aiakos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Mar Feb 23, 2010 1:18 am

Observó con detalle como se acercaba aquél dios, quien a pesar de ser un dios menor tenía ciertamente más tiempo de vida que él y mayores habilidades de las que poseía, además de que aquél al ser hijo de Ares estaba consciente de su formación militar, cosa de la cual sacaría provecho, eso era parte de lo que ganaba con su pacto, con haberle dejado beber su sangre.

- ¿Sudamos? si, lo hacemos- Respondió apenas fijando su atención en aquellos colmillos que llamaban su atención, filosos, peligrosos, y mortalmente atrayentes. Entrecerró los ojos al empezar a ser rodeado por aquél hombre, se sentía analizado, eso era inusual para él, por lo general no se hallaba en la posición del analizado. Y a pesar de todo era completamente necesario porque había pedido que lo ayudara a entrenar, había dicho que debía hacerlo por la guerra que se acercaba; y además era porque quería proteger a alguien cercano, que se empezaba a volver importante.

Asintió levemente ante la petición de Deimos, empezando a quitarse sus prendas, despojándose de la parte superior de sus prendas y aún con aquella espada colgando de su cintura. Estaba preparado para cualquier tipo de entrenamiento que esos hermanos fueran a hacerle pasar.
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Deimos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Miér Feb 24, 2010 8:52 am

Deimos examinó el torso de Aiakos con ojos críticos, era bello pero no era el cuerpo de un guerrero, de eso estaba seguro-Tenemos fortalecerte-aquellos músculos no estaban ni preparados ni entrenados para el combate. Alargó una mano, sus dedos fueron corteses cuando se posaron sobre el hombro derecho del demonio, apretando levemente la piel pero sin hacer daño, solo estudiando el material del cual disponían para trabajar. Haría lo que estuviera en su mano para lograr que Aiakos fuera un guerrero medianamente bueno, no sabía de cuánto tiempo disponían para su formación, eso y que los deberes de Juez lo mantenía muy ocupado en el inframundo.

Sus dedos se alargaron y tomaron la espada de Aiakos, la desenvainó y estiró el brazo, comprobando su peso, equilibrio y el borde de la hoja-¿Qué fuiste ante de demonio, Aiakos?-Deimos no solía ser curioso pero ahora aquel ser era su alumno y de repente, el siempre hecho de no sentía hambre, ni necesidad de cazar, le otorgaba la capacidad de orientar sus pensamientos a otras cosas y mantener una conversación.
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Aiakos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Miér Feb 24, 2010 2:10 pm

Definitivamente no le molestaba ser analizado, estaba de cierta forma consciente de que aquél lo hacía para saber que tenían para trabajar. Y sabía además que su cuerpo no era precisamente el de un guerrero, casi nunca le había hecho falta; a pesar de las catástrofes que llegaron a azotar a su pueblo, las guerras nunca estuvieron entre ellas. Por otra parte Peleo, uno de sus hijos si era un buen guerrero y se sentía orgulloso de ello, a pesar de haber tenido que expulsarlo de su reino junto con Telamón.

Una pequeña sonrisa de lado y melancólica se le escapó al pensar en sus hijos, después de todo había tenido el gusto de verlos crecer, había muerto cuando ya era mayor, un anciano; y sin embargo al revivir en el reino de Hades con su nuevo deber había rejuvenecido su cuerpo. Su cuerpo que jamás había sido el de alguien que no se dedicará a administrar justicia entrre sus súbditos, y ahora mismo, seguía desempeñando la misma labor.

Miró a Deimos tomar la espada y se lo permitió observándolo curioso hasta escuchar su pregunta, la cual, no le molestaba responder. -Antes de demonio... fui un humano, era rey de la isla de Egina- No era completamente necesario mencionar que su padre era Zeus, o al menos eso pensaba.
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Deimos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Miér Feb 24, 2010 4:01 pm

-Bien...-el susurro de Deimos fue oscuro, hoy le daría la primera lección de la misma forma que se la dio Ares a él cuando solo tenía cinco años, por suerte Aiakos era un hombre adulto y un demonio, no tenía nada que temer..bueno, al menos sería capaz de levantar la espada para poder hacerle frente sin que se le partieran los dedos de la manos cuando detuviera el primer mandoble-entonces la intriga y la traición no te son ajenas..

Alzó la propia espada de Aiakos y con un movimiento horizontal, un arco plateado, le arañó el pecho, la sangre brotó y se derramó por la blanca piel, manchando, los ojos rosados de Deimos siguieron aquel riachuelo carmesí. Sonrió y los colmillos asomaron sobre los rosados labios.

-Defiéndete-volvió a mover la espada y le azotó con la punta de la espada los abdominales. Soltó un leve jadeo de deseo, puede que no tuviera tan saciado como pensaba. Le tiró la espada para que la tomara-defiéndete o saciáme.
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Aiakos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Jue Feb 25, 2010 12:01 am

Sus sentidos ya como demonio eran mucho más agudos que los de un mortal, de lo que hubiera podido imaginar si quiera en sus tiempos como humano; y encima de esto estaba su recelo natural; aquello en especial era lo que le había salvado la vida cuando era mortal más de una vez, y aquél tono casi lúgubre del dios del miedo le causo ese recelo natural.

Por ello cuando fuese atacado con su propia arma su cuerpo casi reaccionó solo, aunque sencillamente el filo de la espada alcanzó a rasgar superficialmente su piel, aquello lo hizo fruncir el entrecejo pues era consciente de que algo de su sangre manchaba su piel. Si había algo que simplemente detestará era manchar sus ropas de sangre, y esperaba que aquello no sucediera o se pondría de mal humor simplemente. -Por lo visto para tí tampoco son desconocidas- Comentó sonriendo de lado notando aquellos colmillos asomarse, así que tenía sed... que interesante.

Al ver la espada después del azote en su abdomen la atrapó, sujetándola con la mano derecha. Quizás la batalla cuerpo a cuerpo no era algo que se le diera bien, pero, al menos sabía que si su vida llegaba a depender de eso podría ofrecer una larga resistencia. -No te resultará tan fácil obtener mi sangre Deimos- Comentó en tono bajo, serio, y afilando levemente la mirada.
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Deimos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Lun Mar 01, 2010 8:00 pm

Diemos dio dos pasos atrás para darle tiempo a prepararse, observando como bajaba la sangre por el torso del demonio, creando riachuelos diferente tonalidades de rojo, no se lo conmovió aunque sintió la pulsación que fluía desde el fondo, alterando los latidos de su corazón que comenzó a bombear con mayor ímpetu, acelerando, acelerando y yendo cada vez más deprisa. Agradecía a su hermano que le hubiera dejado probar el menos un sorbo, en realidad varios, para mantener la cordura de si mismo.

Fue hasta el altar, dando la espalda al demonio sin temor alguno, tomó su propia hoja, tormentosa y la alzó ante si mismo, era tan bella como letal, la propia extensión de su cuerpo que lo llenaba de una alegría salvaje, pero debía de suprimir esos instintos, ahora aquel Juez del inframundo era su alumno, no debía de herirlo ni matarlo.

Se giró hacia él y avanzó, se situó justo a un metro-
Ya veremos. En guardia-alza su hoya mira la posición que adopta el demonio y niega con la cabeza, agitando los negros cabellos por su espalda en una cascada-separa más las piernas, tiene que haber equilibrio..-sus ojos rosados se posaron sobre la mano-no aprietes tanto, firme pero si cerrar tanto sobre el pomo-avanza dos pasos, estudiando sus reacciones.
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Aiakos
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MensajeTema: Re: El arte de la espada   Miér Mar 03, 2010 12:15 pm

Bien, sabía que esto sería un arduo ejercicio, y que necesitaba mejorar en muchas cosas, y todo por una sencilla razón ¿por cual? había algo que debía proteger si el momento llegaba; y mientras tanto tenía que aparentar que nada pasaba, seguir en su deber de reclutar aliados para Hades, en su misión de ganar la confianza de Apolo para que cediera ante los deseos del señor del inframundo. Tenía que seguir con aquello, o seguramente terminaría duramente castigado, o muerto.

Aunque ahora mismo tenía que concentrarse en lo que hacía, de otra manera los resultados no serían los esperados, así que apretó la empuñadura en la mano derecha, sosteniéndola quizás demasiado fuerte. La primera vez que había tomado aquella espada fue durante su adolescencia, cuando su madre se la obsequió antes de subir al trono, cuando tenía unos trece o catorce años; y ya que la isla de Egina siempre había sido de cierta forma pacífica, no había tenido jamás la necesidad de entrenarse en las artes bélicas más allá de lo indispensable. Después de todo, el peor azote que había recibido su pueblo eran las constantes calamidades que se desataban por obra de Hera, quién estaba furiosa porque su esposo Zeus la hubiera engañado con una mortal, con su madre. Negó suavemente para si mismo al recordar aquello, quizás había tenido algo de suerte a pesar de todo ya que, jamás fueron invadidos o tuvieron una cruenta guerra contra otros pueblos.

Buscando volver al sitio y momento en que se hallaba posó su mirada en aquél dios, y en su arma, detallando su forma. Ahora era momento de comenzar, se paró de frente a Deimos, con las piernas levemente separadas, quedando parado de lado, con un pie delante del otro mirando hacia el otro, no perdería atención de sus movimientos. Su brazo derecho sostenía la espada, esperando el momento adecuado, desde su posición tendría un mayor impulso y asestaría un golpe más fuerte; aunque la fuerza de un demonio no podría compararse con la fuerza de un dios.

A la orden de ponerse en guardia cambió su posición, pasando el pie derecho, que era el que estaba atrás hacia adelante, avanzando lo que sería un paso o dos, al mismo tiempo su brazo llevó la espada hacia el frente, sosteniéndola. Aunque claro, atendió las correcciones del otro, aflojando el agarre que tenía en la empuñadura y separando un poco más las piernas teniendo así un mejor equilibrio. Al avanzar Deimos dos pasos lo miró, respirando profundo, estaban por comenzar en cualquier momento, y sin perder de vista su mano sobre todo, en cuanto esta se moviera empezarían.
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