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 En la cueva

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Belenos
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MensajeTema: En la cueva   Vie Ene 29, 2010 1:01 pm

A pesar de que bosque no estaba siendo tocado por las llamas, el cielo sobre él estaba teñido de una tonalidad anaranjada, producto del fuego devastador se extendía por los campos. El olor a humo y a carne quemada se había infiltrado entre los árboles, llevando el aroma de la destrucción, todos los seres del bosque estaban despiertos y atentos y algunos, como los minotauros, lograron hacerse con varias presas humanas que no tuviera opción de escapatoria alguna.

Belenos se adentró más en el bosque, percibía el miedo y la angustia emanando del cuerpo de Orfeo que estaba sobre su lomo, su parte equina transmitía de forma perfecta cada una de las sensaciones de su jinete, esquivó a un grupo de silfos y ascendió por una loma hasta llegar cerca una pequeña catarata y más allá, una grieta que estaba cubierta de enredaderas que era la entrada a su hogar.

Fue disminuyendo el galope, poco a poco y entró en la oquedad de la blanca roca. No era grande pero estaba muy limpio, al final había una especie de nicho ancho, escavado en el suelo lleno de hierba que provenía del lago cristalino, era fragante y muy mullida. Belenos depositó en ella a Níobe que seguía sin despertarse, tenía el rostro y las ropas manchadas y algunos de los largos mechones estaban chamuscados.

Esperó que Orfeo desmontara y se encaminó hacia una de las estanterías que estaban labradas en la roca viva. Cogió aguamiel que hacían las mismas ninfas del bosque, era dulce y revitalizante. Lo sirvió en un vaso de madera oscura y se inclinó hacia Orfeo que estaba sentado con Níobe-bebe-se lo puso en los labios para que reaccionara y saliera de su estado de aturdimiento-iré a buscar un médico pero antes bebe-no iba a irse de allí sin que el dios siguiera sus instrucciones.
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Orfeo
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Ene 29, 2010 3:03 pm

¿Que diablos estaba pensando? ¡Que se creìa en exponer la vida de Nìobe de esa forma tan irresponsable por su temor de que lo devoraran los minotauros y los grifos? El fuego le habría matado en un segundo al igual que los otros dos y no llevaba su lira para calmar a aquellos bestiales seres. No sabía como había llegado allí, ni en donde se encontraban; únicamente pudo regresar a la realidad cuando sintió aquella copa en sus labios, empujádose levemente por abrirse paso y manar el líquido en su interior.

Tomó dicha copa con gesto distraído, entonces lentamente fue cayendo en que el hombre que se la ofrrecía era un centauro... demasiado amable, ¿Por que lo había ayudado si era tan territorial? Tan recelosos de la naturaleza que ellos tanto protegían y que los mortales destruían para sobrevivir. Dio un suave trago, y apenas este cruzó por su lengua, le cayó toda la realidad como un balde de agua fría. Estaba tan ensimismado en que le habìa causado daños a esa persona especial que no había reparado en las víctima que murieron chamuscadas a merced del fuego, como se había perdido alguna vasta cosecha de algún granjero, de las arpías y de que ese ser les había rescatado.

-Yo... -Levantó el rostro, donde su cara mostraba alguna que otra mancha oscura por las cenizas, sus ropas, de tela mortal, se encontraban raídas, chamuscadas por algunos lados, sucias y cubiertas de manchas negras; y a pesar de que sus cabellos estaban revueltos y sueltos sin acomodo, mantenía aquella belleza suave y serena de siempre. Entonces dejó de lado la copa e hizo una reverencia larga a Belenos, doblando suavemente su cuerpo y dejando que sus plateados cabellos acariciaran el pasto.- Muchas gracias por ayudarnos, por salvarlo a él. Lamento todas las molestias que te hemos causado, ¿Estás herido? ¿Te encuentras bien? ¿Te has hecho daño con el fuego?

Orfeo realmente podía hacer muy poco, pero con alguien que le había hecho un bien enorme; estaría eternamente agradecido.
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Belenos
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Ene 29, 2010 3:49 pm

El centauro lo escrutó y luego alzó las grandes manos, sin dejar de mirarlo, las posó a ambos del delicado pero masculino rostro de Orfeo. Las deslizó con cuidado, tratando de quitar las manchas que cubrían la luminiscente piel, acariciando al mismo tiempo. Apretó los labios, no quería ser violento o demasiado bruto la misma presencia de Orfeo lo apaciguaba como si irradiara música.

-Orfeo
-sonrió-¿no me recuerdas?-lo escrutó con evidente ansiedad-Cuando tocabas en el bosque, nos reuníamos en torno a ti. Yo era un potrillo-bajó las manos y tomó la copa para volver a llenarla y ofrecerla al dios-un día me atrevía a tocarte los pies y me dedicaste una melodía-y de repente, Belenos, que no era nada proclive a sonrojarse pudo sentir como sus mejillas se calentaban con fuerza porque el corazón la palpitó casi con violencia.

-Soy Belenos
-inclinó el rostro pero no el torso, los centauros no le hacían reverencia a nadie. Luego sus ojos escarlatas se posaron sobre Níobe sin ningún tipo de cariño, en realidad con mucho recelo y desconfianza en ellos.

-¿Quieres que lo mate?-inquirió con calma-porque te ha secuestrado, ¿verdad? Por eso no has venido en mucho tiempo a tocar para nosotros-su tono fue furioso-te ha secuestrado porque eres..-trató de buscar una palabra que no hiciera parecer cursi-..lindo.
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Orfeo
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Ene 29, 2010 4:22 pm

¿Belenos? Había tantas cosas que había olvidado al morir, pero sin lugar a dudas no olvidaba a quienes les dedicaba una melodía. Cuando Euridíce había muerto, había dejado de tocar hasta que Hades le resucitara, pero antes de conocerla, él solía pasearse por los bosques y alegrar con su música el ambiente pesado de los árboles que habían sido incomodados por la presencia de los mortales; e incluso había rendido su respeto por los habitantes de las cercanías y a los que se encontraban más lejos; pero definitivamente, de lo mucho que le agradaba tocar para aquellos seres de soberbio y altivo carácter y de impresionante fuerza como eran los centauros.

Lo recordaba. Recordaba a un pequeño niño a su lado, que probaba sus patitas entrando en impulsivas carreras, golpeando y tirando cosas a su paso; pero más que interrumpir al resto, era mirado con orgullo y cariño, ya que daba muestras de querer crecer y volverse un centauro como el linaje de su padre y abuelo; se esperaba mucho de aquel potrillo y el mismo Orfeo le había dedicado una nana a modo de buena fortuna para el futuro. Pero ahora, viéndolo tan fuerte y crecido, a pesar de la cariñosa mirada, no podía evitar sentirse un poco intimidado; pues no era el mismo Belenos que había conocido, ahora era un centauro fuerte y muy capaz, con una gran fuerza.

-No amigo mío, no te he olvidado. Pero como ha pasado el tiempo -Sonrió y levantó la mano, acariciando aquellas manos grandes que acariciaban su rostro. Trató de explicarle su relación con Eurìdice y el inframundo más cuando hablo de asesinar a Níobe negó con fuerza y se soltó, colocándose suavemente al lado del galeno como si tratara de protegerlo.- ¡No! Por favor, Belenos, no lo lastimes... Él no me ha secuestrado, él... me ha salvado y le debo mucho, pero no tengo ya mi lira, así que no puedo tocar más; me ha retirado el dios de los muertos.

Esperaba que con aquella explicación cediera de sus intentos de herir a Níobe y le dejara explicarle que había sido de él.
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Belenos
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Ene 29, 2010 4:56 pm

Belenos resopló y agitó la larga melena de tono fuego que incluso en aquella penumbra emitía destellos rojizos como sus grandes y almendrados ojos. Alzó una pata y el casco dorado golpeó la piedra, levantando chispas de oro que vibraron unos pocos segundos en el aire. Cada una de las palabras de Orfeo estaban llenas de música, incluso estando asustado era melódico, siempre poseyendo una belleza que se había más sublime en el borde de la angustia y el dolor más prófundo.

Observó de la forma en que protegía al mortal, cubriéndolo con su cuerpo, exponiéndose a cualquier herida, a que su carne de perla fuera abierta por cualquier arma con tal de que el humano no recibiera daño alguno. Había tanto, tanto valor allí que Belenos pudo sentir como su feroz alma se llenaba de una nueva admiración hacia Orfeo.

-¿Hades?-el tono de Belenos cambió por completo, se torno frío, duro, lleno un profundo odio. Si no hubiera sido por aquel dios ahora él no sería de los últimos centauros, si Hades no los hubiera traicionado a todos, si no hubiera iniciado aquella guerra, sus hermanos del viento aún poblarían las llanuras del Grecia, aún protegerían aquel bosque. Pero no, ya casi no quedaban centauros, dentro de poco no serían más una leyenda, un cuento que las madres narrarían a sus hijos para que no internaran en el bosque.

-¿Qué te ha hecho el dios de las moscas y podredumbre? ¿qué ha hecho ese medio dios de la nada?-Belenos rugió y jadeó, retrocedió varios pasos y se viró, un puño salio disparado contra una de las paredes de roca con una fuerza descomunal, quebrándola y los nudillos sangraron y se desollaron.
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Orfeo
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Ene 29, 2010 5:41 pm

Miró con sumo cariño a Níobe, preguntándose o al menos haciendo una mueca de inquietud y angustia de saber si él estaba bien, si despertaría o si había quedado inconciente por el humo. ¿Que podría hacer para conseguir que se recuperara más rápido, en vista de que él casi lo mata?

-Níobe... despierta por favor...-Susurró ahogadamente, hasta que aquel estruendo le hizo pegar un brinco y volverse en dirección hacía Belenos; incorporándose del lecho donde el galeno permanecía inconciente.

-¡¿Pero que has hecho?! -Se incorporó en el acto y suavemente tomó aquella mano dañada entre sus manos, mirándolo con reproche; como si aquel fuerte y poderoso centauro no fuera más que un potrillo desenfrenado que buscaba pleito y se rebelaba a cada instrucción dada por el jefe de la cuadrilla. -Lastimándote no conseguirás nada.

Rompió el último velo que quedaba sobre sus hombros, de modo que solo la túnica blanca cubría su cuerpo, dejando sus hombros y brazos al descubierto. Era increíble como con cada prenda que salía de su atuendo, iba adaptándose más y más a los alrededores boscosos coom si siempre hubiese pertenecido allí. Tomó dicho velo y cariñosamente lo envolvió alrededor de aquella mano poderosa y amedrantadora que también era capaz de una gran calidez y ternura; asegurándose que los dedos lastimados no fuesen a adherirse a la prenda y lastimaran más a su poseedor. Y aunque Belenos era un centauro fuerte y de un carácter indómito, Orfeo olvidaba por momentos que el cariño y la preocupación nos hace ver frágiles a aquellos que amamos.

-Ven amigo mío, por favor, permite que te diga que paso.- Suplicó, sentándose en una de las rocas caídas, presentándole su mano a Belenos de modo que este pudiese recostar su fuerte y robusto cuerpo; pero que su cabeza quedase sobre las piernas del dios de la música y así mimarlo como cuando era un pequeño potrillo. -Me he visto ciertamente alejado de ustedes, pero no es por que yo así lo haya deseado, aunque en parte, el destino me obligó a retirarme para mantener mi cordura un poco mas sana.
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Belenos
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MensajeTema: Re: En la cueva   Sáb Ene 30, 2010 1:02 pm

Belenos inspiró varias veces seguidas, tratando de calmar su cólera, Hades era el culpable de todo, aquel viejo dios oscuro que se escondía cobardemente en las entrañas de la tierra como si fuera un gusano repulsivo que eludía la luz del sol para para no convertirse en una columna de llamas y ardes hasta los mismos huesos. Lo odiaba, odiaba todo lo que representaba y lo que las había arrebatado a todos aunque algunos, creía que demasiados olvidaban lo ocurrido demasiado alegremente. Entre ellos los mismos ángeles que descerebradamente se ponían a jugar y hablar con demonios, traicionando sus propios principios y traicionando el dolor y la sangre que costó vencer a Hades.

Pero Orfeo lo doblegó con facilidad, su parte equina se acomodó en el suelo e inclinó el torso para que su cabeza descansara contra los muslos del dios. La larga cabellera roja de desparramó como un río de rubíes hasta el suelo creando sobre él pequeñas ondulaciones. Sus oídos captaron cada flexión de la hermosa voz de su acompañante, estar en esa postura le recordó tanto al pasado que le causó un punzada en el pecho, se lo frotó rudamente.

-¿estás triste Orfeo?-no quería que sufriera, si lo que iba a contar le causaba dolor prfería no saberlo.
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Orfeo
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MensajeTema: Re: En la cueva   Sáb Ene 30, 2010 4:44 pm

Sus dedos jugueteaban suavemente entre los cabellos de aquel centauro, acariciando detrás de su oreja para calmarlo; rozando sus mejillas suavemente, como se le hacía a tan nobles corceles. Le entristecía contar aquello, era verdad, pero a medida que más lo decía; aquella herida putrefacta parecía cerrarse, aliviando todo el resentimiento y rencor que guardara en su alma. Miró con mucha preocupación al mortal que dormía y con un suspiro, resignado comenzó su relato.

-La última vez que tu me viste amigo mío, yo me había enamorado de una bella mujer a la cuál amé demasiado. Pero... el destino se ensañó y con la mordida de una serpiente ella... -Enmudeció y sus labios temblaron levemente, pero en un suspiró y mirando hacía el cielo recobró la entereza.-enloquecí por el dolor, ya nada me interesaba sin Eurídice. Quizás aún soy demasiado inmaduro para comprender los misterios de la muerte, o para aceptar que todos tienen su momento; que Zeus no podía controlar las acciones de sus fieles ni del entorno que les rodea, así como tampoco se le puede exigir a él que el mundo sea sumido en penumbras, él no podía obligar a Hades a devolverme a mi amada... así que baje a los inframundos, y supliqué al dios de los muertos y a su esposa que me devolviesen a aquella a laque tanto había amado...

Su voz era calmada y muy serena, pero dejaba sentir un dolor cruel y despiadado, en aquella lucha interna. Narró como fue engañado para volverse a mirarla, de como abandonó la música y en una tarde de sequía en la que él podía haber conmovido a Dionisio y Demeter, les había ofendido al estrellar una piedra contra las cuerdas, provocando la ira de las deidades... entonces se vio asesinado por las campesinas, que arremetieron contra él con sus asadones y herramientas de labranza.

-Mas el señor Hades no me permitió morir, sino que me arrastró del río Estigia y sanó mi cuerpo como le fue posible, más para un dios que ha muerto, es muy difícil sobrevivir por mucho tiempo; por ello, mantuvo mi cuerpo atado a mi alma y selló mis poderes, que de evocarlos, pondrán en riesgo mi existencia... así que me dediqué a servirle, ya que no había ninguna razón más para continuar viviendo.- Sus caricias no perdían esa suavidad ni ternura, tratando de restarle importancia al asunto al ver que Belenos se tensaba- Nunca comprendí por que me había salvado, aunque él asegurase que era por que amaba mi música y era injusto que Zeus, padre de los dioses, no hubiese sido capaz de prevenirme de la muerte de mi amada; o que mi padre me recomendase ir con Hades en lugar de intervenir por mí ante Zeus, siendo su hijo. Así que por mucho tiempo guarde demasiado rencor, odiando a todos y tocando únicamente para el señor de las sombras...

Y así continuó narrándole como había conocido a su amigo Boreas, pero que en una ocasión topó con Níobe. Que este, a pesar de haber perdido a su esposa e hijas se negaba a rendirse contra la vida y la muerte y salvaba vidas día tras día a pesar de no tener obligación de hacerlo; exponiéndose con tal que arrebatar de las manos de la muerte un padre a sus hijos, un bebé a sus padres, por una cruel enfermedad que podía contagiarlo. Le habló de su admiración por él, de su tristeza y de su cariño, de como le había sanado sus heridas después de que Hades le castigase y robara su arpa como reprimenda y de lo triste que estaba por haberlo expuesto al fuego, donde casi le asesinaba en su temor de los seres del bosque, como los minotauros, sedientos de sangre y deseosos de la carne humana. Una gruesa lágrima cayó sobre la mejilla de Níobe, mientras que el dios menor miraba fijamente hacía la nada.
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Belenos
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MensajeTema: Re: En la cueva   Dom Ene 31, 2010 4:47 pm

Belenos fue frunciendo el ceño más y más, notando que varios años, un siglo o más le había pasado desapercibido por completo. ¿Le había ocurrido todo eso a Orfeo? El bello Orfeo y sus canciones, aquellas notas tan puras que incluso doblegaban el alma salvaje de los centauros, consiguiendo que éstos se postraran a sus pies mansamente, escuchando sin hablar ni gritar. Los centauros buscaron a Orfeo cuando este desapareció, buscaron por todo el bosque, interrogaron a cada criatura e incluso, Quirón se adentró en Atenas para averiguar si estaba allí pero a ninguno se le ocurrió que pudiera estar en Hades.

Aquel Dios de los muertos, de corazón de piedra y alma de tirano, se había atrevido a obligar a cerrar aquel pacto a Orfeo, abusando de vulnerabilidad, atándolo con una cadena cuyos eslabones eran el odio, la pena y la culpabilidad. Oh sí, aquel dios impasible al que Belenos hubiera dado lo que se por tener delaten y poder cerrar sus manos sobre cuello hasta romperlo, sabía que eso no lo mataría, así que cuando cenara se lo volvería a romper, así una y otra vez.

Parpadeó cuando el médico emitió un leve quejido y se removió en el lecho de hierbas, entreabriendo los labios-Orf…-trató de pronunciar pero su voz estaba como rota, las cuerdas vocales desgarradas por el calor del incendio pero seguía sin abrir los ojos, como si estuviera atrapado en algún tipo de pesadilla o lugar y no pudiera regresar.

Belenos irguió la cabeza-ve con él, traeré algo de ayuda-se fue poniendo en pie, mostrando su gran alzada-No salgas de la cueva, los minotauros están enloquecidos por la sangre.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Dom Ene 31, 2010 6:46 pm

-¿Níobe? ¡Despertó...! -Se incorporó al acto, corriendo y precipitándose sobre aquella cama improvisada con ramas, colocándose de rodillas, mirando angustiado e inquieto al mortal que yacía recostado; sin desatender a la advertencia del centauro que tan rápidamente se había ganado su agradecimiento y respeto de por vida. Cuando miró marchar a Belenos, cerró los ojos, escuchando las quejas de los animales, los trinos asustados de las aves y el olor a carne quemada, con algunos árboles que habían sufrido en el siniestro; y aunque lamentaba enormemente el daño causado, lo más importtante apra él se encontraba acaparando toda su atención.

-Níobe... ¿estás bien? ¿Estás herido? ¿Te duele algo? -Inquirió atemorizado, acariciándole suavemente la mejilla, no atreviéndose a golpearle con suavidad la misma, para que despertase. Estaba tan feliz de verlo vivo que sus ojos se cubrieron de lágrimas y comenzó a reír nerviosamente, secando sus ojos; e inclinándose, cometió el atrevimiento de besarle la frente repetidas veces.- Que alivio... estás vivo.

Tomó con suavidad aquella mano cubierta de cenizas y depositó sobre esta algunos besos, incorporándose al acto y tomando aquel licor que Belenos le ofreciera, regresando con rapidez y ciudado, incándose a su lado para darle de beber y que acabase de recuperar el sentido con aquella deliciosa bebida.
-Por favor, bebe... anda, te sentirás mejor.
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Níobe
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MensajeTema: Re: En la cueva   Dom Ene 31, 2010 7:49 pm

Los labios secos de Níobe se fueron abriendo con dificultad, permitiendo que Orfeo depositara la copa entre ellos para que el dorado líquido bajara por su garganta lacerada, dolorida e hinchada por el humo. Bebió por puro reflejo, ansiosamente porque parecía que aquellas llamas mágicas había tomado hasta la última gota de humedad de su cuerpo.

Lo último que recordaba era estar rodeado de un cerco de llamas que se aproximaban, incapaz de ver una salida porque sus ojos lagrimeaban sin control, tratando de orientarse hasta que sintió que se desvanecía por la falta de oxígeno, justo antes de peder la consciencia le pareció ver una figura monstruosa que saltaba entre las flamas y se inclinaba hacia él para tomarlo, alzándolo en el aire con enorme facilidad, leve como una pluma para la fuerza del centauro.

Y ahora escucha la voz de Orfeo, tiraba de su alma, le había parecido estar en lugar oscuro, sombrío, lleno de voces fantasmales como eco y en la lejanía divisar un río ancho, grande, de negras aguas donde aguardaba un barquero sombrío. ¿Había sido todo un sueño? ¿no estaba muerto?

Poco a poco los parpados se alzaron y los plateados ojos que estaban algo nublados se posaron sobre el hermoso rostro de Orfeo que derramaba lágrimas de diamantes. Notó que sangraba, no soportaba verlo llorar, le dolía demasiado.

-ssshh..shhh.-fue un graznido ronco, estiró el cuello y le besó las pestañas colmadas de aquellas gotas saladas, barriéndolas con su lengua. Alzó los brazos y le rodeó el cuello para obligarlo a que inclinara más sobre él y fue hasta el otro muy despacio, lo besó, jadeando para luego, sin poder contenerse comenzar a besar su rostro como un ciego que busca la luz.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Lun Feb 01, 2010 12:58 am

Respondió a aquel beso desesperadamente, respondiendo de igual manera a los besos que Níobe depositaba sobre su rostro. Se recostó a su lado en aquel lecho, envolviéndole entre sus brazos protectoramente, llenándole de caricias en el rostro y en el cabello; con aquella mirada dichosa pero preocupada, cargada de culpa y de amor. Las lágrimas no dejaban de manar de sus ojos, lo amaba tanto y había tenido tanto miedo de perderlo para siempre que la sola idea le quemaba y le helaba el cuerpo al mismo tiempo.

No podían salir de aquel sitio, Belenos se los había advertido, pero necesitaba agua para darle de beber a Níobe, para limpiar la ceniza de su rostro y aliviar las quemaduras que tenía su cuerpo; ya que él quizás estaba acostumbrado al dolor de las llamas, pero alguien como el galeno, difícilmente estaría cómodo con la piel ardiéndole. Sin embargo, no quería llevarlo con él y arriesgarlo y de igual forma; tampoco habría de dejarlo solo, conocía muy poco de hierbas medicinales y una vez más, lamentó tanto el serle de poca ayuda y pensó que si él aprendía de cosas sobre como curar heridas y conocer las hierbas medicinales; podría serle de mucha más ayuda de como apenas lo era ahora.

-Níobe, por favor resiste, ya vendrá Belenos; él te ayudará con tus heridas, pero no podemos salir de aquí por que es peligroso -Susurró sobre sus labios, cubriendo aquella boca con tersos y sutiles besos, como dando un consuelo, ya que en ese momento era lo único que era capaz de hacer.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Lun Feb 01, 2010 5:12 pm

Níobe asintió pero no emitió sonido alguno, solo sintió que a pesar el dolor de las quemaduras, éstas eran leves comparadas al fuego que lo recorrió cuando aquella boca tocó la suya, notó que todo su pecho se llenaba de miles de mariposas que revoloteaban violentamente dentro de él, queriendo salir para ir al encuentro de su compañero. Era la primera vez que Orfeo tocaba sus labios con los suyos y eso lo colmó de una emoción abrumadora.

Le sonrió apenas y se tocó los labios, mirándolo, como si estuviera diciéndole; “me has besado” Acercó el rostro poco a poco, sus ojos plateados, perlados, sumergidos en aquellos dos zafiros inigualables. Posó su boca sobre la de su compañero, delicadamente, abarcándola por completo para sentir su tierna y sensual textura, reprimió un gemido de placer porque sus cuerdas vocales tiraron agónicamente, pero no pudo evitar cerrar los ojos cuando intercambiaron sus alientos dentro de aquel beso, del contacto largamente esperado de sus bocas.

Suspiró y se separó con pesar cuando sintió que le fallaban las fuerzas para continuar con aquel contacto aunque lo ansiara con toda su alma. Se acurrucó contra él, no sabía donde estaban pero si estaba con Orfeo, le daba igual que fuera el mismo hades.

A la entrada de la cueva se escuchó un sonido y Belenes entró, seguido por una ninfa muy vieja, incluso ellas envejecían, ésta era una frágil anciana de larga cabellera de un rosa muy pálido, piel blanca trazada de arrugas y ojos verdosos, estaba vestida con unas túnicas azules, opacas y emitía un aura de calma.

-Mi señor Orfeo-su voz eran campanillas, fue hasta el dios y le tomó una mano para besarla con dulzura. A continuación sus ojos se posaron sobre Níobe-¿y tu bello acompañante?
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MensajeTema: Re: En la cueva   Lun Feb 01, 2010 5:39 pm

Observó a Níobe con ternura, acariciándole suavemente la cabeza, los hombros y la espalda; como si consolara a un niño pequeño. Más cuando escucho aquel ruido, se incorporó casi al instante, temiendo que uno de los minotauros hubiese ingresado en aquella cueva y fuese a descubrirles en cualquier momento, por ello dejó a Níobe recostado y se levantó para salir del lecho topándose con aquella ninfa. No la reconocía, de hecho apenas y habia reconocido a Belenos. ¿Cuanto tiempo había pasado en el inframundo ocmo para olvidar los rostros de sus amigos o en su defecto; que el tiempo hiciera notar su ausencia en sus rostros?

-Mar...bella...?-Era el único nombre o mejor dicho, la única persona que recordaba que su cabello tuviese un color tan hermoso y suave, como el de un pollito pequeño. Al momento de que la anciana le besaba la mano, Orfeo negó con suavidad y tomándole la mejilla como un hijo haría con su madre, besó su frente dulcemente, mirándola con cariño pero sin ocultar esa tristeza en sus ojos. Entonces se volvió hacía Níobe y sonrió dulcemente.

Le extrañaba como podía sentir tristeza de no recordar a una buena amiga o en su caso, haberse apartado tanto tiempo de su lado y al mismo tiempo; como podía sentir una gran preocupación por Níobe y sentir felicidad y regocijo con saberlo vivo. Miró a Belenos e hizo una nueva inclinación con su cabeza a modo de agradecimiento y liberó de su agarre a aquella dulce anciana, encaminándose hacía donde el galeno yacía.

-Él... se llama Níobe. Perdonad que no pueda incorporarse, se encuentra muy lastimado y su piel se ha quemado por protegerme y... -Su voz se ahogó en un suspiro, recordando como Belenos había hecho su aparición en el momento más indicado.- Está delicado, gracias a Belenos nos mantenemos con vida.

Acarició nuevamente la mejilla del médico, acariciandole con ternura y mucho amor, inclinándose para besar su frente y preguntarle en un susurró que hierbas podía conseguir para tratar sus quemaduras. Si aquella ninfa podría cuidarle en lo que él salía a buscarlas, era lo mínimo que podía hacer.
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Níobe
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MensajeTema: Re: En la cueva   Lun Feb 01, 2010 5:58 pm

Níobe apenas asintió pero movió los labios, Orfeo se tuvo que inclinar para poder escuchar lo que el galeno decía, mientras a su espaldas, la ninfa preparaba más de aquel líquido dorado que revitalizaba y le daba fuerzas al médico, por lo menos de momento lo había logrado arrancar la extraña inconsciencia en la que se había sumido por efecto del fuego mágico.

-Melisa, malva, milenrama-jadeó, le cuerdas vocales eran hijo de fuego en su garganta-Orégano, lavanda y rosa silvestre-volvió a dejarse caer, notando que ya la afonía crecía. La ninfa se situó a su lado, examinándolo, con ojos críticos y posó una mano sobre su frente con mucha suavidad.

-Tiene fiebre-cogió lino y lo empapó en una palangana de madera que había traído con ella, le mojó la frente y el cuello, Níobe se removió pero la ninfa no dejó que se apartara un lado-sshss..no te muevas-su voz era pura seda-mi señor, Orfeo. Yo lo cuidaré, ve a por las hierbas-lo aconsejó-puede proteger la cueva con una ilusión mientras están fuera.

Belenos se aproximó, llevaba su arco y su carcaj con flechas-también podemos tomar aguas del lago cristalino-aconsejó. Sus orbes de tono grana se posaron sobre Níoe y luego sobre el rostro hermoso de Orfeo, apretó los labios, frunció el ceño porque aquel mortal débil causaba pena al dios-¿Quieres..quieres quedarte?-no lo hacía por Níobe sino por Orfeo-puedo ir solo, soy fuerte.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Lun Feb 01, 2010 6:33 pm

-Iré... -Replicó por toda respuesta. No quería dejar al galeno, ciertamente, pero él era incapaz de crear ilusiones y el traer a la ninfa caminando por todos lados buscando hierbas, y a su edad; resultaba muy cansado. Por su parte, reconocía el aroma de algunas plantas que había en el consultorio las veces que había visitado a Níobe a escondidas, que quizás podría encontrr basándose en su aroma.

Se devolvió a donde estaba el mortal recostado, e inclinándose a su lado, le avisó que saldría a buscar esas hierbas que necesitaba para curar sus heridas, que quedaba en buenas manos y le suplicaba no salir de donde yacía recostado, ya que tenía fiebre y aún estaba delicado por los efectos de aquel fuego devastador; que la persona que le cuidaba era una gran amiga suya y que salir resultaba peligroso por las bestias hambrientas que había fuera de aquella cueva o por los rezagos del humo sobre el cielo que aún podía dañarlo, por su parte; le explicó que él estaba en buenas manos y con Belenos se sentiría seguro, otro buen amigo de cuando estaba más chico y besando su frente, se incorporó y caminó hasta llegar al centauro.

Tenía algunas quemaduras en los pies y otras en las manos, pero eran menores y sanarían con lavarlas y atenderlas al día siguiente; pero conociendo la piel de los mortales, para ellos no era tan sencillo y si no se les atendía, más que dejar terribles cicatrices; podrían infectarse y engusanar dicha herida. No sabía mucho sobre quemaduras pero ya se enseñaría para serle útil en el consultorio, solo que en esa ocasión no lo expondría a mayores.
-Ya ha sido suficiente... -La culpa que sentía era tan cruel que temía perder a Níobe si continuaba más a su lado, y volviéndose hacía la ninfa le hizo una inclinación respetuosa.- Queda en tus manos lo mas preciado para mí, cuidalo; por favor.
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Belenos
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MensajeTema: Re: En la cueva   Mar Feb 02, 2010 5:01 pm

Belenos esperó a que Orfeo se pusiera en pie, sus ojos rojos se tornaron más oscuros y revueltos al ver como se desvelaba por aquel mortal. No lo entendía, si todo lo que el dios le había contado era cierto..¿por qué se había vuelto a enamorar de un mortal? Y además no de una mujer como hubiera esperado sino de otro varón, ¿por qué había elegido a un ser tan débil y vulnerable a todo los peligros que podían acecharlos? ¿Eso hacía el amor?Lograba que perdieras la cordura, que olvidaras todo lo que te habías prometido a ti mismo hace tiempo y que hicieras algo que contra de los mismos dioses y del destino.

Salieron de la cueva, el viento nocturno traía hacia ellos el olor a carne quemada y sangre, eso lo alteraba por completo, despertaba sus instintos más salvajes como centauro, se sentía violento, agresivo y apenas podía controlar el inmenso deseo de matar. Apretó los dientes, frunciendo el ceño, aquella parecía una noche de locura completa, se escuchaban los mugidos groseros de los minotauros y de otras criaturas que aquella noche se estaban dando un festín de carne humana.

Alargó una mano y cogió la de Orfeo, haciendo que subiera sobre su grupa, pateó el suelo y resopló, notando aquellos muslos livianos y suaves apretando sus musculosos flancos-Agárrate bien-pidió-primero iremos al lago, allí hay muchas plantas.

Comenzó a trotar, alerta, con el arco preparado en una mano, el cielo seguía anaranjado, señal que el fuego mágico no cesaba.
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Orfeo
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MensajeTema: Re: En la cueva   Mar Feb 02, 2010 7:25 pm

Se aferró con fuerza a Belenos, siguiendo sus indicaciones, mirando con temor hacía el cielo; temeroso de que aquel fuego rebasara los límites del hecghizo de Zeus y alcanzara el bosque, irremediablemente; incluso donde también estaba Níobe. Sin embargo, por ello debía darse prisa, encontrar aquellas medicinas que restablecerían al médico y entonces lo llevaría a casa donde podría atenderlo mejor. Pero entonces, fue conciente del estado de agitación de Belenos. Por mucho autocontrol que tuviera sobre sí mismo el centauro, podía notar como su cuerpo entero temblaba por la emoción de la sangre, el olor a carne quemada y el caos reinante; pues por ello, continuaba siendo salvaje y el bosque era su hogar, por ello, lo lógico era que reaccionara como el resto de sus habitantes.

Temeroso de que perdiera el control, le fue acariciando suavemente la espalda, a la altura de los omoplatos, recostando de igual manera su cabeza sobre el cuello ajeno; aunque aferrándose bien, tratando de que así recordase de que no iba solo y que aún le rogaba que lo ayudase a atender las heridas de Níobe. No temía a los minotauros... bueno, les temía y bastante, en especial por que atacaban en manadas; pero podrían librar aquellos obstaculos de una forma o de otra, pero si Belenos perdía el control, no solo se quedaría sin aquellas valiosas hierbas que necesitaba para sabar al médico; sino incluso, él mismo podría ser víctima fácil del centauro ahora que más que un dios menor, era un semidios más mortal que dios.

Aún a pesar de que comenzara el trote, Orfeo le tarareo la misma nana que le había dedicado muchas décadas atrás.
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Belenos
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Feb 05, 2010 5:20 pm

Solo por unos cegadores y rojizos instantes, Belenos sintió el deseo irracional de arrojar a Orfeo de su grupa y pisotearlo hasta convertirlo en una masa sanguinolenta pero desde que el inmortal lo tocó, acariciándolo como pocos seres se habían atrevido hacer, los músculos se fueron relajando levemente pero fue aquella nana la que borró todo pensamiento salvaje y violente de su mente a pesar de estar rodeado del hedor de la matanza, era como volver a ser aquel potrillo que iba corriendo hasta lo pies del dios, tímido y torpe para terminar a su lado, dejando que Orfeo lo hechizara con su música.

Sus cascos dorados se enterraron en la tierra mientas ascendía hacia el lago cristalino, se movía con elegancia y más veloz que cualquier cabellos, atento a cualquier sonido pero sobre todo a su jinete, intentando que estuviera lo más cómodo y seguro posible.

Ante ellos se fue abriendo el paisaje para revelar el lago, la joya de la corona del Olimpo, hermoso y puro, quizás la obra más perfecta que no precisó de mano alguna para ser esculpida como una estrella perpetua en la marea del tiempo. Belenos fue descendiendo por uno de los senderos, en los bordes crecían todo tipo de hierbas pero también fresas y moras negras y doradas.

Se detuvo y se giró levemente para mirar a Orfeo por encima de uno de sus fuertes hombros-De todos los dioses, siempre fuiste mi preferido-confesó y luego,volteó el rostro para que no viera sus mejillas rojas.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Feb 05, 2010 5:33 pm

Sonrió dulcemente mientras bajaba de su regazo con cuidado para no caer. Tenía algunas quemaduras menores, pero la diferencia radicaba que él si podía curarse al día siguiente, no como Níobe. Las amables palabras de Belenos le subieron el animo, ya que se encontraba un poco desanimado por aquel incidente, y aún cuando no fuese de mucha utilidad; se quito la cadena dorada alrededor de su cuello y se la extendió al centauro a modo de agradecimiento. Le hubiera encantado obsequiarle con frutos y otras cosas que sabía que a Belenos gustaban, pero no era el momento adecuado y no disponía de tales presentes; y era con lo único con lo que podía darle las gracias por salvarle a él y al médico. Le acarició dulcemente el rostro, haciendo cosquillas detrás de su oreja como había visto hacer entre los centauros como muestra de afecto, y tras una sonrisa triste, se apuró a buscar las hierbas que Belenos le indicara para atender a Níobe.

-Yo... de no ser por ti, estaría muerto... o mucho peor.- A esto se refería a que habría vuelto a ser aquel muerto vivio, si el médico que le había abierto los ojos hubiese perecido.- No tengo con que agradecerte como te mereces, pero de momento, por favor, acepta esto.


En ese sitio tan puro y cristalino, donde el aire corría libremente; ya no se sentía el aroma a la carne humada quemada y sangre coagulada y caramelizada, de hecho, se podía percibir perfectamente el aroma de algunas flores nocturas que llevaban su aroma con la brisa; como si fuese una bocanada de aire puro después de aquel torrente de humo negro. Había demasiadas plantas y por primera vez en mucho tiempo, le encontró alguna utilidad, que ser siempre el espejo de cristal donde los dioses del Olimpo medían su vanidad.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Feb 05, 2010 6:32 pm

Beleno inclinó apenas la cabeza para aceptar el regalo, de todos eran sabido que nos centauros no hacían reverencias a nadie a excepción de Zeus pero la forma de agachar la orgullosa cabeza fue lo más parecido a una genuflexión que el salvaje Belenos le podía hacer-Gracias, Orfeo-su profundo tono fue suave y delicado al tiempo, resonando dentro del amplio y poderoso pecho donde ahora brillaba la cadena de oro. Lo centauros no lucían joyas pero Belenos estaba encantado con aquel detalle por parte del dios-con esto es más que suficiente.

Lo observó mientras comenzaba a recoger las hierbas, al estar a la orilla del lago era más efectivas y poderosas, se beneficiaban del lugar donde crecían.

De repente Belenos se puso en guardia, tomó su arco y colocó una flecha en él-¡Te huelo, asqueroso macho cabrío!-apunto a una zona de matorrales que estaban a unos trescientos metros. Ésta se removió y entre ella fue emergiendo un ser de cerca de un metro ochenta, tenía patas de cabra, peludas, negras, su pecho y antebrazos eran velludos como su rostro donde destacaban unos grandes ojos amarillos, de entre la rala cabellera emergían dos grandes cuernos y sus orejas eran las del animal de cual poseía los cuartos traseros.

-Belenos-ronroneó espesamente-lindo potrillo…-sus orbes se posaron sobre Orfeo-el asesino de sátiros-su tono fue repulsivo.

El centauro se colocó delante del dios, protegiéndolo, apuntando al sátiro-Si das un paso más, mierda de cabra, te estallaré uno de tus ojos con mi flecha
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Feb 05, 2010 6:41 pm

Se levantó en ese instante de golpe, abrazando fuertemente aquel ramillete de todas las hierbas que había recogido. No podía darse el lujo de tirar ni una sola, pero ahora que no llevaba su arpa, aquella que le prodigase la energía divina que necesitaba; sus poderes se mantenían sellados entre las cuerdas de plata, por lo que no era más que un hermoso mortal, pero débil e inútil. Estaba furioso e irritado, ya que aquel maldito satiro se había aparecido en el peor momento; cuando más rápido necesitaba regresar, pero el hacerlo por su cuenta sencillamente marcaba el fin tanto de Níobe como el suyo.

Permaneció detrás de Belenos, sintiéndose como un niño débil y estorboso, lo más parecido a una damisela en desgracia, ya que la rabia y la impotencia de no poder defenderse le arrancaba del pulido rostro de mármol una mueca de furia muy parecida a la que podría Hera tras las infidelidades de Zeus. Aquel híbrido se relamió los labios, avanzando peligrosamente en dirección al centauro, pero no iba solo; ya que de entre las sombras, entre risas perversas y chillidos macabros, otros tantos pares de ojos amarillos se dejaron ver. Entonces y de un momento a otro, estaban rodeados de aquellos sátiros que, igualmente enloquecidos por el caos reintante en el bosque; habían aprovechado para salir a cazar, destrozar por diversión y en ese caso, vengarse de una vez por todas del centauro que había dejado grandes ausencias y realizado considerables bajas en sus filas; más lo divertido es que en aquella ocasión tenía desventaja en número y una hermosa presa para reclamar cuando se decidieran a separar su cuerpo humano de su cuerpo animal.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Feb 05, 2010 7:02 pm

Belenos resopló con fuerza, sus ojos de tono grana se tornaron dos mares oscuros, estaba en desventaja, si Orfeo no estuviera allí, entonces no dudaría en plantar cara y luchar con ellos hasta el último pero no era así, tenía que pensar primer en Orfeo y en su compañero herido que estaba en su cueva, puede que no apreciara al mortal pero lo había invitado a su hogar y cuando un centauro hacía eso, otorgaba su protección hasta que el dios o mortal abandonara por su propia voluntad la cueva.

Pateó el suelo, sus cascos dorados eran afilados, poderosos y una de sus coces podía reventar a sátiro sin apenas esfuerzos pero aquellos seres también eran fuertes y sus cuernos eran como puntas de lanzas. “¿Dónde están esos estúpidos plumíferos cuando se les necesita?” se suponía que los ángeles eran los ojos y las manos de Zeus pero allí no había ninguno, estaban más ocupados copulando con demonios que cumpliendo sus obligaciones.

De repente, todo se movió, para un ojo poco adiestrado hubiera sido imposible seguir el curso de lo que aconteció en apenas unos segundos. El sátiro que habló comenzó a correr hacia él, Belenos disparó y un chorro de sangre manó de la cuenca derecha del ser que entre alaridos, cayó al suelo, retorciéndose, el centauro colocó otra flecha y se giró hacia otro de los sátiros que lo atacó, le ensartó la garganta pero justo en ese momento uno de ellos cogió a Orfeo por la cintura y comenzó a correr para alejarse, Belenos volteó de un salto cuando escuchó el grito del dios que ni siquiera en esa situación soltaba las plantas.

Corrió tras el sátiro pero soltó un relincho de dolor cuando otro emergió entre los matorrales y le clavó los cuernos en el cuarto trasero izquierdo, el pelaje rojizo de Belenos se coloreó de escarlata. No había tiempo de usar el arco, el joven centauro tomó una de sus flechas y se la clavó al sátiro en la mejilla, atravesando toda la boca hasta que la punta salió por el lado contrario.

Belenos se lo sacudió y corrió tras el sátiro que llevaba a Orfeo, cojeaba un poco pero seguía siendo muy veloz, lo alcanzó, se alzó y sus dorados cascos golpearon con una fuerza terrorífica a el ser, quebrando su columna como una ramita seca. El sátiro gritó y soltó a Orfeo que cayó al suelo, Belenos corrió, se inclinó y pleno galope lo alzó para colocarlo sobre su grupa, a sus espaldas se escucharon unos aullidos de furia asesina.
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Feb 05, 2010 7:15 pm

Un grito ahogado había salido de sus labios dada la sorpresa, el pánico de tirar las hierbas y de ver aquella multitud de sátiros. A sus ojos, Belenos era atacado por cabras locas y salvajes que sin duda alguna le harían daño; pero era simple y vilmente llevado como una muñeca de trapo de un lado a otro, sintiendo repugnancia de como aquel lascivo ser le acariciaba las pantorrillas y se las prometía muy felices de cuando llegaran a su morada; pero entonces Belenmos había hecho su aparición, mostrandose poderoso y majestuoso.

Sintió aquella caída, pero aún cuando se lastimó el brazo con una afilada roca, soltó dichas hierbas; las mantenía firmemente apegadas a su pecho, solo muerto lograrían arrancárselas, pero entonces fue alzado por Belenos como un mortal que arranca una flor y colocado a su lomo; solo entonces notó que estaba herido.

-Belenos... -No podía preguntarle si se encontraba bien o si estaba herido, ya que aquello se notaba a leguas; y aunque las malditas cabras asesinas le seguían el paso, el aroma a flores no solo había atraído a unos que otros seres curiosos, definitivamente el aroma a sangre en el aire resultaba tan poderoso que los seres mas mansos se volvían agresivos. Los sátiros y faunos chillaron, alejándose entre gritos despavoridos cuando un mujido se dejó salir de los bosques, entonces otro y otro hicieron coro; revelando los ojos rojos y enardecidos de los minotauros que no satisfechos con las tiras de piel humana que aún arrastraban de sus cuernos y hocicos, habían salido a buscar más alimento o mas destrozos que ocasionar.-¡¡Corre!!
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MensajeTema: Re: En la cueva   Vie Feb 05, 2010 8:09 pm

Belenos jadeó, relinchó con fuerza y justo ante ellos apareció una de aquellas inmensas bestias, era simplemente terrorífica, poderosa y sus cuernos llenos de sangre brillaron bajo la fría luz de de las estrellas, se inclinó y embistió contra Belenos. Pero el centauro lejos de retroceder, aumentó su velocidad, sin parar y saltó, fue casi como si volara, pasando por encima del minotauro a plena carrera, aterrizó con limpieza a pesar de que perdió ligeramente el equilibrio pero sus pezuñas doradas eran capaces de agarrarse a cualquier terreno por resbaladizo que este fuera.

Viró bruscamente y atropelló a un silfo, aplastándolo completamente bajo sus cascos, comenzó a saltar de roca en roca por un desfiladero, poniendo terreno entre ellos y sus perseguidores cuando llegó a terreno llano comenzó a correr de nuevo, nada había más resistente que un centauro, solo los corceles de Apolo superaba en velocidad a Belenos y éste estaba en la plenitud de su juventud y sus fuerzas, no pararía hasta que sintiera que estaban a salvo.

Su roja cabellera era un flama, el centauro entró en una corriente de agua, dejando que esta llegara a su lomo para limpiar su olor, le dolía la pata trasera pero no se detuvo hasta una hora después.

Enfiló hacia su cueva que estaba protegida por la ilusión de ninfa y penetró en ella.

-¡Sire!-le hermosa ninfa fue hasta ellos, angustiada-¿estáis bien?-ayudó a Orfeo a desmontar.

-Sí..-el tono de Belenos no revelaba nada pero cojeó un poco, la ninfa frunció el ceño.

-Así no puedo..-lo escrutó, con seriedad-ya sabes..

-Sí.-Belenos se encaminó al fondo de la cueva, a un lado había un pasillo, se coló por él, desapareciendo de la vista de todo. El pasillo que descendía comunicando con otra cueva. Se escuchaba el agua burbujeando, era un manantial de agua caliente, el techo estaba abierto para dejar pasar la luz del sol o la luna.
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