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 Complacencia

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Pan
Dios menor
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Mensajes : 30
Fecha de inscripción : 15/01/2010

MensajeTema: Complacencia   Mar Ene 19, 2010 9:36 pm

Enormes columnas que se alzaban altivas a lo largo de la estructura antigua, el mármol, tan esplendorosamente tallado, muchas veces le hacía preguntarse quiénes eran en realidad los dioses; si ellos, los que vivían en el Olimpo o aquellos, los humanos que poblaban las calles y que hacían tan hermosas creaciones. Sí, seguramente si alguno de sus compañeros o superiores le escuchara, le daría el escarmiento del siglo por pensar de esa manera, le hablaría de las Musas y las Gracias, porque todo se debe a Ellos y sólo a Ellos, el resto son coincidencias.

Suspiró y de pie se deshizo en pensamientos y anhelos lejanos, en la desgracia de la ausencia de una buena compañia con quién compartir palabras hermosas sobre aquel paisaje, luego una copa y después...después tal vez hasta el aliento. Sin embargo no lo tenía. Se sentó a la orilla del templo, apoyado de espaldas contra una columna abarcando con la mirada cuanto le era posible del inmenso cielo azul, negó con la cabeza y esbozó una sonrisa. Tendría que estar trabajando, pero cuando más tareas tenía, más ganas de vagar le daban, no podía evitarlo, era su naturaleza y a falta de buena hembra que le entusiasmara el día, no le quedaba más remedio que quedarse ahí...durmiendo.

Encogió las rodillas y apoyó sus antebrazos en éstas, aspiró profundamente por última vez la esencia de la tarde y cerró sus párpados. A la vista de cualquiera que no le prestara la suficiente atención, no parecería más que uno de muchos humanos que visitaban la Acrópolis, un joven cualquiera falto de ganas y responsabilidades, claro, un bastante atractivo, pero normal al fin y al cabo. Razón por la que no temió despedirse de su modorra en un buen rato, o al menos así lo pensaba.

Ruidos, más ruidos lejanos y cercanos, voces pasos y risas. Maldita mala elección la que había hecho, que nadie se le acercara o sobre ese lanzaría su fastidio.
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Níobe
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MensajeTema: Re: Complacencia   Miér Ene 20, 2010 6:36 pm

-¿Ves?-el sacerdote haló de un hombre de larga cabellera plateada hasta que logró que este se irguiera de mala gana a su lado. Níobe no dejó que se trasluciera ningún signo de la profunda irritación que sentía porque aquel hombre se hubiera presentado en su casa, interrumpido un consulta y alejado al enfermo con una moneda de oro solo para poder apoderarse del tiempo del galeno.

-¿Qué tengo que ver?-sus plateados ojos se estrecharon, su tono era tan frío como la escarcha.

- Aquí sané mi..mi..-el sacerdote se trabó con sus propias palabras, rojo-los dioses me sanaron.

-El acceso que tenía en el pene por practicar sexo con esclavas que son prostutas. ¿lo dioses se tomaron molestias con su miembro viril?-arqueó las altivas cejas-¿y como lo hicieron? ¿se levantó la túnica y les mostró todo el hermoso conjunto que le cuelga entre las piernas?-Níobe no pudo evitar ser mordaz.
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Pan
Dios menor
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MensajeTema: Re: Complacencia   Miér Ene 20, 2010 10:27 pm

Apretados mantenía los párpados, negándose a despertar muy a pesar del escándalo. Encogió aún más las piernas y metió la cabeza entre los brazos haciendo repetidas muecas de desagrado, sintiendo la leve punzada de la migraña del mal descanso, aquejándole la cabeza.

Muchas, demasiadas voces hablando a la vez, suplicando las mismas cosas ¿Es que no se daban cuenta los humanos que los Dioses sólo acceden al ruego de aquel que mejor les cae e gracia? ¿Es que no aprendían que los Dioses estaban hechos de meros caprichos...tal y como ellos?

Ahh, tanto barullo y ni uno sólo interesante. Inhaló profusamente, dejando que las palabras de todos los que alcanzaba con sus oídos, fluyeran por los mismos y antes de siquiera poder darse cuenta, estaba dormitando una vez más. Hasta que de lanada, una palabra le arrebató por completo de su intento. Sí, su palabra favorita: "Sexo"

Alzó la mirada, con cautela, siguiendo el rastro que había dejado el sonido de aquella palabra, encontrando en un plano no tan lejano a dos hombres, uno más anciano que otro, uno más sonrojad que el anterior. ¡Viva Zeus! Al fin algo que le distrajera. Se enderezó, acestando su sentido del oído de pleno en aquella conversación, sonriendo de oreja a oreja mientras les oía hablar y entre tanto dejaba leves risas escapar. Oh ¿Así que tenía ahí a un sacerdote pecador?
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Níobe
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Localización : Aliviando el dolor

MensajeTema: Re: Complacencia   Jue Ene 21, 2010 7:38 am

-Eres blasfemo, Níobe Amaius-el sacerdote se atrevió a coger del antebrazo al galeno que frunció el ceño al sentir aquellos rudos dedos apretando el músculo.

-Los dioses no creo que se interesen por nuestra vida sexual-el médico dio un paso atrás y haló de su brazo para deshacerse del molesto agarre, no iba consentir aquellas confianzas inmerecidas ni de un sacerdote ni de nadie. Se contuvo para no empujarlo y tirarlo al suelo para que se arrastrara como el vil gusano que era.

- A los blasfemos se les castiga-Níobe arqueó las cejas, divertido y molesto al tiempo por la amenaza. Lo cierto es que se estaba ganando impopularidad entre la clase religiosa de la ciudad porque en primer lugar no pagaba el tributo divino, así lo llamaban, para el mantenimiento de los templos y de sus sacerdotes. No iba desperdiciar ni una sola moneda en aquellos parásitos. Pero por otra parte, eran esos mismo parásitos lo que tenía mucho poder en la ciudad, era un bonito dileme..¿principios morales o interés?

-¿Castigo?..-el médico se quedó secó cuando la mano del hombre hizo amago de rodear su cintura. Con un paso elegante lo evitó-ya soy viejo para esos juegos-como todo adolescente ateniense había experimentado los juegos sexuales con hombres mayores que él, era algo socialmente aceptable y de hecho se veía extraño que un varón no hubiera pasado por esa fase en su vida.
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Pan
Dios menor
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MensajeTema: Re: Complacencia   Jue Ene 21, 2010 9:29 pm

¡Pero vaya comentarios divertidos! Y esos dos se traían una buena escenilla, ambos parecían igual y blasfemos y pecadores, por más que el albino tratara de dárselas de santo. Pero le agradó, sí, mucho. Si bien no quería que el castigo se lo diera el sacerdote, con mucho gusto él podría tomar su lugar.

Se dispuso a escuchar la conversación esperando con lujo de detalle, todas y cada una de las reacciones, prestando especial atención a sus vestimentas y ademanes, le apetecía que el segundo fuera un doctor o tal vez algún estudiado. Pero de que era alguien inteligente no le quedaba duda, era alguien preparado. Lo supo por su porte, por su edad y por su vocabulario, le cayó bastante simpático.

En ese momento decidió que de ser necesario, el gran dios y salvador Pan, podría llegar a hacer su aparición. ¿Cómo dios? No, eso estaba ya muy gastado, además de que con el aspecto adormilado y las ropas de plebeyo con las que cargaba en ese momento, no serían ni siquiera un poco agradables y mucho menos divinas. Se puso en pie de su sitio y avanzó tranquilo, al estar más cerca sus facciones cambiaron y reemplazó las relajadas por unas inocentonas y amables.

– ¿Señor? – Dijo al albino tocándole un brazo, no podía asegurar su profesión por lo que prefirió probar con algo en tono neutral.- Necesitamos su ayuda en mi casa, no ocurrió un problema, jamás creí encontrármelo por aquí. Ah y discúlpeme si le interrumpe con su amigo. – Hizo una reverencia al sacerdote y llevó su mirada de vuelta al galeno.
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Níobe
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MensajeTema: Re: Complacencia   Vie Ene 22, 2010 7:30 am

Níobe parpadeó, sorprendido por la súbita aparición del joven, justo cuando estaba a dos segundos de darse la vuelta y abandonar aquel lugar, dejando atrás al sacerdote, hubiera sido una falta de respeto pero aquel chico lo había salvado de que los religiosos añadieran otra agravio más a la larga lista que ya estaba formando Níobe, dentro poco lo maldecirían públicamente.

El sacerdote, que vestía túnicas rojas, frunció el ceño y su mano, de nuevo, agarró el antebrazo del médico que había ladeado el rostro para centrar toda su atención en Pan, observándolo detenidamente, no lo reconocía como uno de sus pacientes habituales. Cuando sintió aquellos dedos de nuevo sobre él, sus orbes plateados relucieron, inspiró profundamente, no quería explotar allí pero lo cierto es que aquel sacerdote lo estaba llevando al límite.

- Níobe ahora no puede ir a ningún sitio-el sacerdote le dirigió una mirada despectiva a aquel joven que se había atrevido a interrumpir la conversación entre dos varones adultos.

El médico alzó la otra mano, rodeó los dedos del religioso y se los apretó con cierta fuerza, el hombre soltó un jadeo de dolor-Iré donde un enfermo me necesite, señor- se separó cuando se vio libre de su presa y se volteó hacia Pan, ignorando por completo la existencia del sacerdote. Se aproximó un poco más, sus largos cabellos se agitaron a merced de un brisa que los rodeó-Guíame-si su voz para el sacerdote había sido puro hielo, al dirigirse a Pan fue suave y profunda.
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Pan
Dios menor
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MensajeTema: Re: Complacencia   Lun Ene 25, 2010 10:00 am

Lo sabía, que al sacerdote no le gustaría para nada su presencia, pues bien, a él no le gustaba para nada la suya, así que estaban a mano. Por otro lado, la presencia del médico le agradaba en demasía. Fuerte, altivo, inteligente…aumentaba sin lugar a dudas, un poco de la adoración que sentía Pan hacia los humanos que ya fueran hombres o mujeres, le parecían idénticamente maravillosos e interesantes.

–Por favor, señor. – Entonó súplica hacia al renuente sacerdote, haciendo de sus propias facciones, lo más suaves y juveniles de lo que era capaz. Por fortuna para su persona, el mismo albino fue quien reiteró lo acertadas de sus sospechas: era un médico. – Mi padre se cayó…creemos que se rompió una pierna, pero…– Se interrumpió a sí mismo al contemplar el leve forcejeo entre ambos hombres, unos por irse y el otro por no querer permitirlo. Sonrisa interna se formó en sus labios al notar finalmente la proximidad ajena, exteriormente, sólo exhaló un suspiro quedo de alivio y agradecimiento.

Caminó sin realmente saber ahora si seguir con su farsa o simplemente argumentarle y decirle la verdad. No, eso último no sería nada divertido. Bajaron las escalinatas, lentamente mientras él le inventaba el cuento de la caída de su padre; un agricultor mayor que estaba en el cumplimiento de sus tareas cuando al encontrarse con el ganado, una de las cabras se le escapó e intentando perseguirla, la siguió a un pequeño risco donde su edad y torpes movimientos terminaron por tumbarlo de vuelta al piso. El problema residía en la fractura expuesta de su pierna, así como un golpe en el pecho que le había estado provocando toser sangre y no había logrado ir con ningún médico, ya que su padre en persona era quien había solicitado al doctor Níobe. – toda la familia siempre ha ido a consultarlo a usted. Por eso no pude confiar en nadie más. – Aseguró, Pan con su tono más amable, mirando al mayor cada tanto, deteniéndose en su camino un poco tan sólo para preguntar. – Porque nos recuerda ¿Verdad, doctor? –
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Níobe
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MensajeTema: Re: Complacencia   Mar Ene 26, 2010 5:16 pm

Níobe examinó el rostro afable del muchacho, tratando de ubicar los rasgos de su cara en alguna de sus recuerdos, era extraño porque tenía una excelente memoria para todos sus pacientes, de igual forma que se sabía el nombre de más de cien plantas curativas y todas sus propiedades. Y aunque todo lo que decía era tremendamente razonable, algo no terminaba de encajar del todo; era los ojos del muchacho. Eran unos ojos más viejos, brillantes y parecían reírse de lo que observaba.

Inclinó el rostro y la larga cabellera blanca rodó por uno de sus hombros, apretó los labios y sus orbes grises se oscurecieron ligeramente-lo cierto es que no porque conozco a muchos pastores-le sonrió con amabilidad pero con cierta tirantez, ¿era posible que su memoria no fuera lo que en su juventud?

-¿Cómo dijiste que te llama..-se interrumpió cuando unas voces altas y alegres llegaron hasta sus oídos, Níobe se vio de repente rodeaba por un gran rebaño de cabras, no era raro que los pastores las acercaran a los templos para recibir las bendiciones de los dioses. Pero los amarillos ojos de los animales se desorbitaron de repente cuando se posaron sobre Pan, parpadearon y lo rodearon, balando con excitación.

Níobe tuvo que comenzar a halar de su túnica cuando uno de los animales comenzó a comerse uno de los bordes.

-¡EAH, EAH!-instaban los pastores pero las cabras no se movían. Níobe no sabía si echarse a reír por la barroca situación (y porque se estaba quedando sin dobladillo) o irritarse.
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Pan
Dios menor
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MensajeTema: Re: Complacencia   Miér Ene 27, 2010 8:23 pm

Vaya, por lo menos el humano era sincero. Lo cual le cayó en bastante gracia puesto que estaba acostumbrado a que usaran la misma treta que él mismo, la de convencer a la gente por medio de las mentiras más inverosímiles con tal de quedar bien con todo mundo. – Oh, ye veo, doctor. No se preocupe, aunque el afecto que le tenemos no es ninguna mentira. - Volvió a actuar con una sonrisa afable al tiempo que le escudriñaba, según él, con discreción. Encantadores le parecieron sus movimientos, tan delicados como maduros. Le atraía, le atraía bastante.

Sin embargo la pregunta por su nombre le tomó desprevenido…y en cuento notó que el albino comenzaba a formularla, hizo por buscar en su banco de memoria un buen nombre humano que no fuera común pero que también fuera fácil de recordar para el galeno. No podía permitirse que le olvidara por más que aquello fuera un sencillo montaje. De repente, el sonido de los animales le sacó de su proceso mental ¿cabras? Oh y lo peor es que no pudo rechazarlas, a pesar de que le miraban con acosadora insistencia.

¿Qué? Ah sí sí, ya sabía muy bien que tenía tiempo de no visitar el pueblo, claro que él también les había extrañado ¿En serio? Aquella oveja era descendiente de una bastante vieja que venía muy atrás y a la que él había bendecido al hallarla en un bosque, lástima que ahora ese bello linaje estuviera en manos de los humanos. Y le clamaban, le llamaban por su nombre entre murmullos que los humanos jamás lograrían entender y Pan correspondía con una sonrisa casi infantil pero sin poder decirles nada al recordar que su treta debía seguir en pie. Estiró una mano para acariciar los cuernos de la que tenía más cercana la cual reaccionó con balidos suaves en los que le siguieron el resto de sus compañeras y él levantó los ojos hacía su interlocutor. – Vaya, doctor, hasta a las cabras les despierta usted fascinación y simpatía. Que envidia. – Alegó con adolescente frescura, sonriéndole con coquetería antes de indicar con una sola mirada a los animales que se alejaran, saludando a los pastores como si los conociera de mucho. – Mi nombre es Panagiotakis Charalampos… – Sonrió con malicia apenas una fracción de segunda. – Pero si lo prefiere, puede usted llamarme Pan. – La mano estiró hacia el médico, en busca de estrecharle la suya.
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Níobe
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MensajeTema: Re: Complacencia   Sáb Ene 30, 2010 1:58 pm

Níobe abrió un poco más sus grises ojos al escuchar el nombre entero, llamándose así podía ocurrir dos cosas; que nunca se olvidara de ese nombre o que a la mañana siguiente cuando se levantara se hubiera borrado de su memoria para siempre. Se preguntaba que tipo de pecado tenía que haber cometido para que su madre lo bautizara de esa forma.

Le pareció extraño y al tiempo gracioso como el joven se inclinaba sobre los animales, rozando aquellas cornamentas robustas, duras y peligrosas con una ternura delicada, mirando los ojos amarillos de las cabras que balaban con suavidad, emitiendo un ricura de notas que hasta el momento el médico nunca había captado.

Sonrió cuando el rebaño pasó de largo y extendió su mano derecha para tomar la del dios con suavidad- No te ofendas pero me gusta más Pan-los largos cabellos blancos se alzaron con la suave brisa-qué curioso ha sido ver como ellas te miraban, incluso..-meneó la cabeza un poco-incluso me pareció que alguna inclinaba la cabeza.

Iba a proseguir cuando una voz fina llamó al galeno-¡Señor médico!-era un enano, calvo, con ropas demasiado llamativas, verdes, rojas y azules, calvo y de nariz aligueña. Llevaba un collar que lo identificaba como esclavo pero estaba lleno de cascabeles que resonaba a cada uno de sus pasos cortos, le costaba mucho ascender aquellos escalones.

Se detuvo jadeando ante ellos-señores-se inclinó con una reverencia y posó sus agudos y oscuros ojos en rostro del galeno-Orión ha llegado a puerto.

-Eso lo deduzco, Casius y me imagino que tu señor me requiere.

El enano asintió-una de las esclavas está vomitando y Auras teme que se trate de algo grave, no quiere perder la mercancía-lo miró angustiado-por favor.

Níobe apretó los labios, Aurus era un traficante de esclavos, caprichoso, rico y calculador pero también extraño, tan joven y ya poseía todo aquel negocio, se rumoreaba que fue amante de su antiguo amo que le legó todas sus riquezas. El médico miró a Pan-¿Quieres venir? Solo será examinarla- le debía a Auras un enorme favor.

El enano miró de forma suplicante a Pan.
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